Este cuento infantil sobre la paciencia invita a los niños a comprender que crecer y aprender requiere tiempo y calma.
En lo profundo de un bosque vivía una pequeña semilla que soñaba con convertirse en un árbol alto y fuerte.
Cada día le decía a la tierra:
—Quiero ser grande ya. ¿Por qué tarda tanto?
La tierra, paciente, la abrazaba suave y respondía:
—Todo tiene su tiempo.
Pero la semilla no quería entenderlo.
Escuchaba cómo otras semillas germinaban, veía cómo los pájaros volaban sin esperar y cómo el río corría sin detenerse.
Y se desesperaba.
Un día, cansada de esperar, decidió forzarse a crecer.
Empujó la tierra, estiró su tallo, abrió sus hojas demasiado rápido… tanto que se agotó.
Sus hojas se arrugaron, su tallo se dobló y terminó sintiéndose más pequeña que antes.
Desanimada, le preguntó al viento:
—¿Por qué no pude crecer como los demás?
El viento, que viaja por todos los lugares del bosque, le contó un secreto:
—Porque crecer no es una carrera.
Hay árboles que tardan años en ser altos,
flores que viven solo un día
y raíces que nunca se ven, pero sostienen todo.
La semilla, al escuchar esto, se quedó en silencio.
Por primera vez entendió que su tiempo tenía un ritmo propio, diferente al de todos los demás.
Desde entonces, respiró profundo, dejó de compararse y comenzó a escuchar a la tierra, que la sostenía con calma y cariño.
Y así, sin prisa pero sin pausa, un día abrió sus primeras hojas verdes, firmes y fuertes.
No fue el árbol más alto del bosque ni el que más rápido crece…
…pero sí uno que aprendió a crecer a su propio tiempo.
FiN
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