Este cuento infantil sobre recoger juguetes ayuda a los niños a aprender la importancia del orden y del cuidado de sus cosas.
Había una vez un niño llamado Greg, que tenía la habitación más divertida… y también la más desordenada del mundo. Los coches dormían debajo de la almohada, los peluches vivían en la silla del escritorio, las piezas de construcción formaban montañas peligrosas y los lápices de colores aparecían hasta en los calcetines.
Cada noche, su mamá le decía con paciencia:
—Greg, recoge tus juguetes antes de dormir.
Y él siempre respondía:
—¡Sí, mamá, ahora mismo!
Pero ese “ahora mismo” nunca llegaba.
Una noche, después de una larga tarde de juegos, Greg se durmió sin recoger nada. Los juguetes, cansados de esperar, empezaron a murmurar.
El coche rojo dijo:
—¡Ya no puedo más! Cada día me pisa un dinosaurio.
La muñeca Pepa suspiró:
—Y yo duermo con una zapatilla en la cabeza.
Entonces el robot Max exclamó:
—¡Propongo una rebelión! ¡Nos iremos de aquí y construiremos nuestro propio reino!
Mientras Greg roncaba, los juguetes se marcharon en silencio. El coche rugió bajito, el robot caminó con pasos metálicos y los peluches rodaron hasta la puerta. Salieron al pasillo y encontraron un rincón vacío debajo de la escalera. Allí levantaron su nueva casa: el reino de los juguetes.
El robot fue proclamado rey.
—A partir de hoy, ningún niño nos volverá a pisar —declaró.
Y todos aplaudieron (con lo que pudieran: patas, ruedas o botones).
Por la mañana, cuando Greg despertó, su habitación estaba vacía. Ni un coche, ni un muñeco, ni una pieza de construcción. Solo el eco de su propio grito:
—¡¿Dónde están mis juguetes?!
Buscó por todas partes hasta que escuchó risas debajo de la escalera. Se asomó… y los vio. El coche tenía una pista nueva, los peluches bailaban y el robot Max estaba sentado en un trono hecho con cajas de cartón.
—¡Volved conmigo! —rogó Greg—. Sin vosotros no hay juego.
El robot lo miró serio y dijo:
—En este reino, todo está limpio y ordenado. No queremos volver a ser pisados ni olvidados.
Greg bajó la cabeza y pensó un momento. Entonces tuvo una idea. Fue a su habitación y la ordenó entera: guardó las piezas, dobló las mantas, limpió el polvo e incluso puso una pequeña alfombra como “zona de juegos”. Luego regresó y dijo:
—He preparado un nuevo reino. Está limpio, tiene espacio… y os echo de menos.
Los juguetes se miraron entre sí. El coche rugió contento, la muñeca sonrió y el robot levantó su brazo metálico.
—Está bien, Greg —dijo el robot—. Volveremos contigo.
Y así fue. Los juguetes regresaron en desfile triunfal a la habitación. Greg los colocó con cuidado y, antes de dormir, susurró su nueva canción:
🎵 “El tren en su vía, el oso en su rincón, todo en su sitio, lleno de ilusión.” 🎵
Desde entonces, cuando Greg apaga la luz, los juguetes suspiran felices, pensando en un próximo día de juegos.
-FIN-
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